(Guayaquil, 1976) Ha publicado los libros de cuentos Tinta sangre y Dracofilia. Textos suyos aparecen en varias antologías del país y del extranjero. Miembro fundador del grupo cultural Buseta de Papel.
PARA DESHACER TODOS LOS NUDOS
Éramos, tú y yo, como de agua.
Si estiraba la mano hacia el cielo,
(digamos, para tocar el humor de las gaviotas)
era tu índice el que señalaba.
No hubo temblor en mi cerebro sin repasar
con la punta de la lengua,
ni yo rótula que dejara sin calentar entre mis pechos.
Y si me reía era con tus dientes,
y si tenías fe era con mi llama.
¡Cuanto aprendizaje de vida hubo en nuestra célula!:
las piernas enfiestadas, enredadas por la ingle,
los líquidos consumidos abundantemente,
los ombligos llenos y la sombra acuosa, labio contra labio,
el mismo ojo pardo de los animales.
Para deshacer todos los nudos,
me has despertado del vuelo de la sangre y serenamente,
con la lucidez de las especies superiores,
te has erguido desde esta forma binaria, para ser humano.
Ahora que me toco me faltan más partes,
no sé derrochar con solo dos manos
y está en media luna mi sexo de larva.
Ovo por las tardes
y bajo esta cubierta de piel y cartílago
me duelen azules tus lamentaciones
(melaza de huesos libres)
Yo tan dividida,
tú tan suficiente.
Estorbas perenne,
dentro de mí restos
y para aliviarme
prendo un fuego fatuo sobre mis escamas.
POEMA DE LA PERMANENCIA
Permanece tu voz
que tiembla como grava sacudida
sobre el polvo la gratitud.
Tú eres mi zarza triste,
guerrero de fragua solar,
estación de sangre,
pequeña aldea de puños al cielo.
En ti recupero el tiempo umbilical
de los nueve meses
(Tú eres mi otra madre)
Se me ocurre adoptarte por ridículo,
porque eres lo opuesto a mi verso.
Más allá piso tu sombra
como quien pisa un guijarro y
más allá tu claridad me sostiene las manos
oleando silencios sin lenguas.
POSTAL DE LA CIUDAD JARDÍN
Te dedico el mar de Lima, te dedico el crepitar de ese mar empedrado y frío que tardarás en escuchar otra vez. Para ti el olor salino de la herrumbre. Te dedico a todos los ahogados que duermen en su paraíso uterino y acuoso el otro sueño, el de la muerte. Te dedico la nostalgia que siento por ti, es decir que vivo tu nostalgia como si fuera mía, la nostalgia de los lúcidos. Te dedico mi insatisfacción permanente. Quizá porque desde esta ciudad se me ha fugado el pulso hacia otro lado o porque existimos seres que como tú, no estamos satisfechos en ninguna parte y somos como Judas a quien siempre le estorbó el tintineo de los treinta denarios.