(Santa Cruz - Galápagos, 1979) Ha participado en varios talleres literarios. Sus textos han aparecido en revistas del país.
1
Soy parte del teatro
Desaparezco
Oculta tras espejos rotos
Me confieso.
2
ABANDONO
He visto desde el Norte hasta la puerta de mi casa los niños que odian los carritos de guerra, los bancos de madera llenos de suicidas que beben cerveza rancia, el amante y su relación tormentosa esperando en la ventana de un cuarto de alquiler.
He visto esas flores extrañas, que crecen espontáneamente en toda la casa, los trópicos, los desiertos y los grandes nevados, el frío intenso amenazando los tachos de basura.
He visto mis manos aborreciéndome por no poder tocar lo que veo, la noche donde el placer era necesario y al criminal que se quedó tras la puerta del baño.
He visto excéntricos hombres manejando grandes maquinarias por algunas horas, mirando con culpa a su mujer que le susurra lo que podría hacer con su cuerpo.
He visto ciegos extasiados de sonidos, los gritos debajo de las rocas, las casas derrumbándose en la playa.
He visto la soledad queriéndose tirar de algún edificio, el río sollozando dentro de un armario porque se siente solo.
He visto imágenes en la sopa caliente y también en la fría, a media noche, velas, vino y una mesa demasiado grande.
He escuchado la buena y la mala música. El último ring-ring a las 11H30 PM.
3
APARIENCIAS
Te juro que antes de venir conseguí un nuevo nombre, fue inevitable pensar que me sentaba en ese pupitre viejo de la escuela en donde me sentí acusado varias veces, solo por que no aprendí esto o aquello, pero ahora es diferente, aunque siento la misma sensación, al final las esquinas terminan redondeadas por mis dedos.
¿Por que no me miras?, tus ojos son una especie de espectáculo nocturno de algún callejón surrealista, un caballo fugitivo que desesperadamente se tiró al arroyo a beber agua. Quiero hablarte, pero es muy apresurado y al mismo tiempo decir nada es peligroso. Soy un hombre que duerme tras las escaleras de la solemnidad, porque cree que existe y que algún día será elogiado, pero no goza en su progreso. Ni los halagos, ni las academias tienen tan mala reputación como los perros que gimen con permiso de sus amos.
Lo imprevisto, lo favorable. Al final comprobé que estaba recostado a los pies de un hombre envejecido, que había diferentes clases de dolor, que cualquier movimiento que aquel hiciera, aunque fuera débil, me dejaría al descubierto.
¿Acaso no creo en dios?; durante un segundo creí que si, pero luego recordé mis excesos alcohólicos, esos en los que había perdido toda mi dignidad.