(Guayaquil, 1977) Ha publicado los poemarios El silencio da y Lo que nombras se hace cuerpo y luego lidia. Está por publicar un libro de cuentos y un libro de poesía.
EL TIEMPO
I
A pesar de culpas y de vísceras, de miedos y de coágulos, impasiblemente el hombre sueña en su futuro;
A pesar de ideas y goteos, de ritmos y de súplicas, el hombre se imagina interminable.
Pero llega el tiempo y se termina el hombre
Cuando el verbo se estropea con la imagen.
Llega el tiempo y se termina el hombre
Cuando el beso se convierte en paladar...
Y en la ruina misma,
En la destrucción de todo,
El hombre muerto es el que empieza la belleza de un poema.
Porque solo el hombre prescindible,
Solo el hombre en el residuo, es útil para el verso:
Verso a verso el hombre muere,
Hombre a hombre el verso empieza,
Donde nadie siente más poesía que los hombres moribundos.
Pero nada entiende la poesía de los hombres, salvo el verso que comienza en podredumbres.
Y allí está el hombre,
El hombre que se fue, el hombre que lloramos, el hombre que se pudre.
II
Indómitos, el hombre y el poema,
Porque son los únicos que inventan fuego sin quemarse,
Porque son los únicos que al ver el fuego adoran,
Porque son los únicos herejes que prefieren las cenizas.
Indómitos y místicos, el hombre y el poema,
Bestias solitarias, hembras movedizas sobre el suelo,
Dedos para hurgar cualquier carnosidad;
Y únicos que al darse cuenta de que mueren se propenden a la magia de otra muerte.
Indómitos y místicos, prístinos y lúbricos:
Hombre hecho con sangre de otros hombres,
Verso hecho con sangre de poemas.
Y magníficos amantes y los dos tan solos,
Perpetrando cuerpos desde la oquedad del mundo,
Presintiendo el mundo cuando un cuerpo no les brinda su oquedad.
Y al crear,
Al omitir la autoridad del tiempo,
Vencen y poseen...
Y por un instante excitan y abandonan la indolencia;
Y por un instante el hombre ingresa en el misterio y toca todo,
Y el poema, mana en el morir.
III
El hombre es hombre cuando ha hecho un animal con el cerebro ajeno,
Cuando un verso va a la entraña en donde se agazapa otro animal.
Y ya nadie piensa, nadie impide: el amor se gasta si se colma de sí mismo,
Y al colmarse con amor, el hombre suele imaginarse con amadas.
Luego llega el excomulgo, llega el adulterio, llega la herejía,
Y el amor se hace ficción y decadencia,
Selva en donde el hombre ajeno escribe de sí mismo...
Pero el tiempo acaba con el hombre
Porque el verso de los vivos nunca llega a la poesía.
(De Ampliación de lo insalvable)